lunes, 15 de abril de 2013

Concurso del Guión


Caminaba por la orilla del mar junto a Dave. Me estaba contando el odio que sentía hacia el enemigo por las artes oscuras que usaban. Sus cansados ojos azules dejaban ver el resultado de una de las batallas mas duras que habíamos librado, y el ejercito enemigo había usado en nuestra contra un mago oscuro que guiaba al ejercito enemigo desde la retaguardia del cúmulo de hombres. Por supuesto, nosotros no creíamos en esas idioteces, pero varios de nuestros hombres se volvieron contra nosotros.
A pesar de nuestra inminente victoria, no me sentía seguro. Continuamos caminando mientras escuchaba a Dave… Entonces un temblor cubrió el suelo, y vi en los ojos de Dave un pánico agonizante en su interior. Lo único que recuerdo antes de desvanecerme, era la presencia de unas sombras…
Ahora mismo me encuentro en una habitación oscura. Me voy acostumbrando a la oscuridad poco a poco, pero parece que estoy solo. Sin embargo, me pongo en tensión. Hay una espada y un escudo iluminadas por una antorcha, con mi nombre encima: “Lyan”.
Me levanté del suelo y cogí la espada. Era equilibrada. Parecía la que solía llevar al campo de batalla. Después me equipé con el escudo, y decidí cruzar la puerta de la habitación. Me encontré en una especie de corredor semiluminado cuya luz no provenía de ninguna parte. En el fondo, había una abertura de luz protegida por un escudo invisible. Esto era magia negra. Lo sabía.
Había dos puertas colocadas una enfrente de otra. Decidí meterme en una para averiguar donde estaba. Lo que vi a continuación fue realmente anonador. No estaba en un espacio cerrado. Estaba en medio de una especie de bosque. Caminé un poco, y me encontré en medio de una especie de altar gigantesco. De repente, un grupo de sombras me rodeo, y una, con una rapidez descomunal me golpeó. Caí al suelo. Tenían forma de humanos, pero iban completamente de negro, hasta la cara.
Caí al suelo. Me incorporé con rapidez, y lancé una estocada a una de las figuras. En cuanto cayó al suelo, se esfumó como humo. Ante mi perplejidad, las otras sombras aprovecharon para atacar. Estaba confundido. Una de ellas estaba a punto de darme un golpe mortal, cuando se quedó paralizada, se deshizo en humo, y una flecha cayó al suelo. Aprovechando, dí un golpe circular, y deshice las otras dos figuras. Buscando la figura de mi salvador, me encontré a un chico desconocido de trazos redondos y pelo rubio apuntándome con un arco.
Tardé un rato en hablar con el. Se llamaba Marcus. Me explicó donde me encontraba. Al parecer estoy en una especie de entre mundo creado por magia oscura. Sin embargo, contó que no estaba todo perdido. Aquí nosotros tenemos poder también. Solo tenemos que averiguar cual es. Luego me explicó que lleva encerrado aquí aproximadamente 2 años desde que le tendieron una trampa después de que asesinasen a su familia. Le dije que estaba buscando a Dave. Se ha ofrecido a acompañarme.
Volvimos al pasillo. Me explicó que lo mas seguro era que Dave estuviese en la abertura de luz. No debíamos preocuparnos por el tiempo, ya que allí la noche no existe. Y que la forma de abrirla estuviese en la otra puerta, así que me estuviese alerta.
Nos encontramos en el borde de una gran plaza. En el centro, pegado a un árbol, había un objeto que brillaba bastante. Supusimos que era la llave. Me dirigía hacia el, cuando Marcus me frenó por el hombro, y para mi sorpresa, desapareció. A continuación, apareció al lado del árbol. Miró a su alrededor, y seguía sin haber nadie. Volvió a desaparecer, y se materializó a mi izquierda.
Me miró con cara de ironía, y me explicó que ese era su poder en el intermundo.
Después volvimos. La llave era una esfera de luz amarilla, que se fusionó con la barrera, dejándonos paso abierto a la salida.
Me encontré en un sitio reciente. Estábamos en la playa en la que había desaparecido. Miré para atrás, y un portal de aire nos comunicaba con el pasillo. Y allí, en medio del paisaje, se encontraba Dave. Agazapado. Vestido con unas vestimentas negras. Rápidamente entendí que estaba ocurriendo.
Un grupo de sombras nos rodeó en cuestión de segundos, y Dave, con unos ojos grisáceos que sustituían a los azules que tanto brillaban en momentos de guerra.
Una fuente de adrenalina inundó mi cuerpo, y con un grito sin sentido de guerra, me lancé contra las sombras repartiendo estocadas seguidas mientras mi visión se nublaba por el humo de su victoria. Marcus no se manejaba tan bien con el arco debido a la cercanía de las sombras. Una le golpeó en las costillas y cayó al suelo. En un ataque de ira me lancé contra todas las sombras, le lancé el escudo a Marcus que se encontraba indefenso y sin fuerzas en el suelo. Las sombras se amontonaban. Entonces, con una fuerza que brotó de mi interior, clavé la espada en el suelo, y una explosión acabó con todas las sombras que había a mi alrededor, aunque con mi espada también. Volví a ver a Dave. Una sombra todavía mas grande se encontraba detrás de el. La reconocí inmediatamente. El mago del ejercito enemigo. Le hizo una señal, y se lanzó en una pelea mano a mano contra mí.
Sin embargo, estaba en desventaja. El era mas fuerte que yo, y a la vez, me sentía incapaz de hacerle nada porque sabía que estaba siendo controlado.
Poco a poco iba perdiendo mis fuerzas, hasta que yo también acabé tumbado en el suelo, sin posibilidad de defenderme. El mago le dio la orden de que me rematase. Sacó una pequeña daga de su cinturón, y se arrodilló delante mía.
Toda la ira que sufría hacia unos pequeños momentos se había convertido en rabia por haber perdido a mi mejor amigo y a la única persona que me quiso ayudar en un intento de huir de una prisión que no me correspondía.
Dave se relamía con el momento. Entonces me acomodé, y mirándole a los ojos, le dije: “Así que nunca usarías magia. La odias. Recuérdalo cuando me mates.”
Entonces se hizo un silencio. Y la mancha gris que tapaba sus ojos se fue esvaneciendo poco a poco. Cogio con firmeza la daga, y la lanzó al aire. Entonces, con un aura similar a la de los poderes que poseíamos Marcus y yo, la daga tomó una trayectoria directa al corazón del mago.
De la boca de Dave salieron las palabras “Y menos mal que te tengo para recordármelo”.
El mago se retorció, y escapó con la daga todavía en su cuerpo lanzandose al mar. Acto seguido, el portal se cerró inmediatamente, dejando en la playa la estampa de un un joven agotado y dos soldados heridos.
Decidimos no contar esto a nadie. Dave ayudó a Marcus a llegar a la ciudadela, y yo les seguía a pie detrás suya.
Han pasado ya 5 años, pero me carcomía no contar esto a nadie. Ahora esta historia circulará como un rumor, convirtiendonos a los tres en leyenda…


Sergio Mallo Pastoriza
Carlos Valladares Zulueta

4º Eso-B
Rosais 2

viernes, 12 de abril de 2013

La jubilación de un profesor (Matilde)


LA JUBILACIÓN DE UN PROFESOR

Hola Matilde. Hoy me he atrevido, para cambiar, a hacer una redacción hablándote directamente. Opino que cambiar siempre está bien, te abre nuevos puntos de vista, y en ocasiones, hasta te puede aportar algo importante.
Supongo que ya estarás aceptando esta etapa de tu vida laboral con el carisma y el ansia que te caracterizan. Conociéndote, será imposible tapar esa alegría que desborda tu personalidad; hay personas que toman este momento de sus vidas como quizás uno de los fragmentos mas deprimentes que hay… Sin embargo, tras toda una vida llena de experiencias en todos los sentidos, una gran profesora como tú debería saber que hacer en este momento.  
Nos encontramos en tiempos difíciles, sin embargo, la ilusión nunca termina de desaparecer de nuestras vidas. Ya lo dije una vez, tu edad es una de las mejores etapas de la vida, tienes tiempo, tienes medios, y sobre todo, definiendo tu persona, tienes fuerza. Una fuerza que es una fuente inagotable de esfuerzo y convicción. Las únicas virtudes que hacen falta en la vida para lograr una gran hazaña es el deseo de cumplirla, y la intención. No se si tus clases buscaban ser perfectas, pero lo eran. Una de las cosas que más admiré de ti, es que viéndote trabajar en los últimos años de tu carrera laboral, nunca perdías la sonrisa. Lograbas caerle bien a todo el mundo, hasta a la gente menos dispuesta a aprender. Al llegar a clase, causabas esa sensación de confianza que nos transmitía tu sonrisa, y nos dejábamos enredar entre las redes de tus clases.
Siempre he opinado que la experiencia de una vida es de las cosas más hermosas que existen en este mundo. Y compartirla es todavía mejor. Estoy convencido de que todavía espabilarás a alguna futura gran persona. Conociéndote, cualquier cosa que te plantees será un juego para pasar el tiempo: Hacer un viaje por el mundo… Escribir un libro… O sencillamente seguir siendo una persona maravillosa, y continuar convirtiendo a las nuevas generaciones en estrellas que iluminen el oscuro túnel que estamos atravesando. Sea como sea, y creo que hablando en nombre de todas las personas del instituto que te conocen, gracias por esos maravillosos años de de alegría y diversión. Te echaremos de menos, muchísimo.
Un beso.


Sergio Mallo Pastoriza. 4º ESO